El sendero corre entre medio de árboles, cuesta arriba. Por momentos las subidas resultaban cansadoras, pero el canto de las distintas aves acompañaba mi andar y disolvía mi cansancio.
Al llegar a la Laguna Margot, un viento fuertísimo me abrazó dándome la bienvenida. Recordé el pasaje de "El Alquimista" cuando, en el desierto, el jóven Santiago despertaba aquel viento que le concedía la libertad. La libertad que nos regala la naturaleza, quien no pide nada a cambio por contemplar su belleza y perfección. La libertad de andar por la vida como un ave por el cielo, como un pez en el agua y como un aventurero en el cerro. "Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre."
La descripción de lo que sentí al llegar tanto al punto panorámico como a la Laguna Margot no cabe en palabras, ni escribiendo un libro entero de aquellas sensaciones podría describirlas.
Dicen que una imagen dice más que mil palabras, pues vivirlo dice más que infinitas imágenes.

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