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29 de marzo de 2010

Mi Buenos Aires querido

En tan sólo tres horas pasé de 10ºC a 20ºC de sensación térmica. En tan sólo tres horas pasé del viento al aire estancado. En tan sólo tres horas pasé de la falta de humedad a la viscoza sensación del 80% de la misma. En tan sólo tres horas la vista desde mi ventana fue reemplazada por otra. En tan sólo tres horas cambió el contexto ni para mejor, ni para peor, simplemente cambió; guiandome a nuevas sensaciones y sentimientos.
Tras mi arribo, alguien me preguntó si me quería matar por estar de vuelta en la ciudad de la furia; desde ya las ideas "me quiero matar" y "me quiero morir" no existen en mi persepción de la realidad, y menos cuando llego a un lugar en donde viví tantas cosas y puedo volver a ver a gente que quiero mucho.
Mi arribo a Buenos Aires no es más que parte de mi vida, como lo han sido estos últimos tres meses de estadía en Tierra del Fuego. Con el mismo entusiasmo que vivía allí, vivo aquí; feliz de reencontrarme con amigos y familia, feliz de poder usar pantalones cortos y andar sin remera, tomando mate en el patio, sin sentir frio o aquel viento 'riograndense' constante -los cuales de todos modos extraño al sentir la humedad sofocante que se desprende del asfalto caliente.

Llevo tan sólo un día aquí y ya volví a jugar un partido de fútbol con mis amigos, compartí un asado con mi familia, me econtré con amigos y amigas en el río escuchando una banda que tapaba los ruidos de los coches, logrando armonizar con el paisaje; un horizonte de cielo y agua interrumpido por veleros, canoas y demás embarcaciones que hacía tiempo no veía en acción. Por si fuera poco, el atardecer fue hermoso y la luna, casi llena, reflejando el sol, iluminaba el agua del río, despidiendo a la tarde mientras le daba la bienvenidad a una noche casi espiritual. Antes de terminar mi primer día en la gran ciudad, compartí con mis abuelos una cena y anégdotas, y un fuerte abrazo; conectándonos profundamente, algo que no es posible por medio de ninguna tecnología vigente. Nada equivale a compartir el presente con quienes amo, el poder abrazarlos, besarlos y escuchar su voz es único.

Por estas cosas respondo a aquella pregunta macabra con una pregunta retórica, "¿Cómo podría querer morir cuando me siento más vivo?"